

Hacía casi un año que no escribía un bloguito de estos, y después de los acontecimientos de la naturaleza últimos, merecía la pena decir algo.
Cuando oí por primera vez en la radio que se avecinaba tiempo malísimo, pensé: "bueno, ya será menos, seguro que hace un poco de frío y nieva un poco, y ya lo están avisando para que luego si se colapsa alguna ciudad, luego no digan que no avisaron", pero a medida que pasaba el tiempo, y la denominación borrasca o mal tiempo pasaba a "ciclogénesis explosiva" o incluso "tormenta perfecta" pensé: "Ya están los flipaos de los periodistas que no tienen nada mejor de lo que hablar y tienen que inventarse cualquier cosa para que la gente no se aburra de escuchar tantas veces los desastres del país", y el pensamiento se fue confirmando cuando en Madrid sentí una brisa fresca que dirían en el norte cuando oía las contraventanas dar golpes, pero vamos, ni tormenta perfecta, ni ná.
Por eso me quedé estupefacto cuando fui el domingo siguiente al Caserío y vi el árbol tronchado del vivero, y poco después los tres chopazos del jardín en el suelo y los tejados de los encerraderos con muchísimas tejas movidas y caídas. Pero ese fin de semana no subí a la sierra hasta este domingo pasado, y ahí fue cuando realmente aluciné a colores cuando llegando al Montón de Trigo empecé a ver pinos enormes tronchados o arrancados de raíz.
La imagen era verdaderamente dantesca, no sé cuántos pinos habían sido arrasados, quizá entre 50 y 100. Toda la parte superior del pinar de Valmesado destruído. ¡¡Qué viento brutal tuvo que haber allí para producir semejante hecatombe!!. Realmente fue cuando me dí cuenta de que aquello que pasó por allí sí tuvo que ser una ciclogénesis explosiva, y tanto que explosiva, que la imagen desde la ladera de enfrente del pinar, me recordó (salvando las distancias) a la imagen de los bosques alrededor del Monte St Helens.
En fin, al final James Lovelock iba a tener algo de razón, o no?
